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domingo, 4 de octubre de 2015

Oscuridad helada.

¡Me estoy ahogando! ¡Ayuda por favor ayuda! Que alguien me socorra. Que alguien se de cuenta. Es la primavera más triste de mi vida. Es el año más triste de mi vida. Mi cabeza no deja de dar vueltas, no puedo controlar la respiración, se resecan los labios. Todos los síntomas de un ataque de pánico, lo contengo, lo contengo, lo contengo. Cuento hasta diez, me desespero, tiemblo, tengo frío, no puedo formar una oración, mucho menos sostener una charla. No me dejen sola, no me quiero ir, no quiero, no quiero, se oprime mi pecho, revienta mi corazón, no aguanto más.
Alcohol, ¿dónde hay alcohol?, malditos borrachos seguro se lo tomaron todo, no queda para mi, no sé cómo salir. No hay cigarrillos, me tiemblan las manos, sufro una ansiedad inminente, se apodera de mis ojos que se mueven por toda la habitación. Van a decirme de dormir para que después me vaya. No lo aguanto, quiero llorar, estoy rota. En mi cabeza sólo están los gritos de mi mamá y los gritos y golpes que no di en su momento a la pared. Las cortaduras, la sangre, el alivio, el alma alejándose del cuerpo, gritos a lo lejos transformándose en un silencio tajante. Una oscuridad helada detiene mis movimientos frenéticos, cierro los ojos, y abandono del todo la consciencia del que vive.
No quiero vivir más, no quiero soñar más con ésta muerte. Quiero irme tan lejos, que ni mi propio cuerpo me siga, ni mi sombra, ni mi pasado, quiero dejar de existir. La columna ya no resiste mi propio peso. No puedo gritar, no puedo pedir un abrazo. Ni la música más animada, ni la comida más deliciosa me reanima. Sólo necesito un corte profundo, un golpe sonoro, un llanto desgarrador. Necesito sacar toda esta mierda y renacer.

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