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miércoles, 30 de septiembre de 2015

Prosa absurda

Sumergida en una hoja de papel,
entre líneas azules perfectamente alineadas,
que me adentran como una droga potente, dura, adictiva,
a una historia que sólo un punto puede parar.
¿La historia de la vida?, quizá.
Un sinfín de desvaríos, caminos diversos,
y tantos momentos de dicha y adversidad.
Todo envuelto en una solapa
 que posiblemente no haga justicia a lo que hay por dentro, 
pero siempre será eso lo que se juzgue primero.

Discapacitada del amor

Llegó ella a derrumbarlo todo,
llegó para quedarse impreganada en mi memoria,
para que no deje de leerla ni verla, para que lea sus libros favoritos,
para ver sus fotos, para sentirme cerca de ella.
Llegó y desequilibró mis de por sí desequilibrados sentimientos,
llegó y la capturé con mis pupilas,
llegó y me entristecí, porque no puedo decir que estoy enamorada,
siento una cercanía, tan lejana.
Nunca se me dieron bien los amores platónicos.
Sufro con la gente que me "entristece", por la calle.
Sufro con los que me entristecen en los libros,
sufro con ella. Con sus textos, sus fotos.
Sufro porque hay miles de kilómetros de por medio,
y sólo sé su nombre y lo que deja que vea.
Sufro porque es lo más sublime que conozco y...
ella no sabe que existo.
Y la quiero, quiero compartir un café y reírnos,
quiero contarnos historias,
historias que sé que nos gustarían a las dos.
Quiero compartir con ella lo que con nadie.
Quiero que me conozca, que esté a mi lado,
ver un atardecer en la playa,
o mirar por la ventana de una cabaña al mar rompiendo.
Quiero abrazarla por las noches y besar su frente, quiero verla sonreír.
Nunca se me dio bien querer a alguien, me deprimo cuando recuerdo que quiero.
Soy una discapacitada del amor.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Qué fácil es escribir sobre amor



  Qué fácil es escribir sobre amor. Dejarse llevar por la embriaguez de los sentimientos, las pupilas dilatadas, la respiración acelerada, los “te amo” malgastados para ocupar espacios vacíos entre besos silencio. Cuán fácil es escribir sobre esto, porque no hay nada más lindo y doloroso, no hay nada que deje más marcas, que el amor.
  Pero, ¿qué es el amor? ¿Un sistema establecido, una bobería de nostálgicos, adolescentes y bohemios? Si es que acaso el amor es lo que nos dijeron siempre, yo puedo asegurar, que tu pecho es amor.
  El calor que irradia, la contención, tus latidos, tus manos acariciando mi calva, tus clavículas marcadas, y esos restos de abdominales fibrosos que no son más que un detalle, porque lo importante está dentro, lo que mueve todo, lo que hace que cada mañana despertar sobre tu pecho sea la dicha misma.
  Tu pecho, ¿y por qué no?, tu cuello, tu mentón, tus orejas, tu pelo enmarañado, tu boca gruesa, tus ojos natamente melancólicos –como los míos-, tu sueño profundo y sereno, tus besos acto reflejo al acariciar tu mejilla izquierda, o hacerte cosquillas en esa gotita que cae sobre tus labios formando un perfecto corazón.
  Sí, todo lo que conforma ese frasco que permite que tu alma se exprese, todo ese conjunto de venas y de otras cosas biológicas que no vienen al caso, todo eso es amor, mi amor. Me hago responsable, cargo, dueña, te compro, te acorralo, lo que haga falta, para que ese amor sea sólo mío.
  Pero no, mi amor, no permitas que mis celos juveniles corten tus alas, porque yo no quiero que cortes las mías. No hay nada más lindo que volar juntos. A ratos separados, con distancias largas, y aun así con la certeza de volvernos a encontrar, porque el destino siempre va a unir nuestros caminos. Sí, mi amor, volemos, volemos mucho y muy lejos, para reencontrarnos y que los días y noches se alarguen entre historias. Para reencontrarnos un poquito más maduros. Un poquito más libres de nosotros mismos. Porque vos sabes que me pesa el simple hecho de existir.
   Si de por sí es fácil delirar con el amor, vos superas todos los límites. Vos, y todo lo que provocas que escriba, es amor.


Empaparme en tu contaminación



  Me duelen los pulmones y es que, es innegable, estoy contaminada. Adicta a ese humo gris, esa presión en el pecho que se clava en lo profundo de las sienes y libera un poco la agonía que es vivir. Escribo con tanto dolor que podría compadecerme, intento ser honesta, y dejar que los dedos fluyan. Intento seguir esos consejos: equivocarme, volver a equivocarme y equivocarme mejor, aplicarlos en mis escritos y no frustrarme, pero es demasiado alta la exigencia. Escribir sobre el dolor, sin miedo, sin tapujos, buscando ese amor profundo intenso, que me haga sentir inmortal por un segundo de mi insignificante existencia. Y sólo consigo sentirme viva cuando los pulmones gritan y arremeten, cuando mi corazón siente tanta adrenalina que podría estallar, cuando las neuronas explotan en milésimas de segundos y el alcohol desinhibe todos los males de mi inconsciente. Sólo ahí puedo sentirme viva, porque estoy al borde de la muerte.
  La ciudad de la furia se está apoderando. Sus autos, su angustia descomunal que infecta todo a su paso. Y suena tan fatalista, y este jazz no ayuda, pero es que estar en Plaza de Mayo ya no es placentero, ver la lluvia no me enamora, sino que me recuerda que estoy ahí: en medio de la plaza, con decenas de personas, autos, bocinas, edificios que cubren el horizonte, y un amor alejándose de la mano de otra, más cálida, más sonriente, más viva… Y la sensación de morir se aproxima, y sólo queda aceptarla, dejar que me destroce, y acompañarla con un ron de cuarta y un atado de diez, hasta que se callen las voces, mi voz, mi chillona y taladrante voz, la más exigente y recriminadora de todas. Tomar, fumar, llorar, dormir, volver a empezar con una sonrisa que, si antes era falsa, ahora no puedo siquiera fingir. Las lágrimas purgan por salir todo el día, y sólo puedo consolarme con que todo tiempo pasado fue mejor, y tener de a ratos, destellos románticos de utopías bellas, bohemias, en otro país, en otra época. Delirar, y jugar a ser feliz. Porque al fin y al cabo las emociones se controlan con la cabeza –y justamente la mía no funciona-, y poder construir nuestro cachito de felicidad es un lujo que podemos darnos, aunque nos tilden de locos.
  Locos de atar, locos de amor, locos por escapar, locos porque la locura es más divertida que la cordura, locos por escribir y drogarnos en líneas que formen oraciones hermosas y llenas de vida, locos por sobrevivir a la común ordinariez de la sociedad.
  Locos, para no suicidarnos en este espiral.


miércoles, 16 de septiembre de 2015

Declaración de odio.

  Estoy un poco alejada, logicamente teniendo en cuenta el nombre del blog, pero no, no me refiero a mi lejanía cercana de todos los días. Me refiero a un deseo de viajar, mucho más fuerte, y da miedo, una creciente angustia, el miedo a la muerte de los que queremos. Todo esto se rejunta en mi mente y, como un círculo sin fin, gira, gira, gira, recordándome aquel de traje negro y esa hoz afilada, como si estuviese extorsionándome, y los mapas tiemblan, y yo tiemblo. Pero las ganas tienen que ser más fuertes.
  Una nueva angustia, un salto en mi corazón. Culparme, yo, por amar, y no tener la fuerza para quitar estas cadenas de mis alas. Éstas cadenas que quieren que no viaje, que no ame, que no piense.
  Los odio: miedo, culpa, amor. Te odio. Te amo. Necesito alejarme.

viernes, 11 de septiembre de 2015

11/09 El viento en la pelada

  Comenzando el día sin novedades mas que la tentación de la chocolatada venció las, indudablemente hermosas, botellas de Gancia.
  Avancemos a eso de las... ¿17:08? sí. Nueva alumna, de la tercera edad como todas mis alumnas, pero ésta es distinta a todas, -y me atrevo a decir que a todos...-: está completamente loca. Lo precedente a nuestra presentación, hizo que despertaran mis sentidos: Un chico moreno con los ojos rojos de cansancio y los dientes medio podridos me ofreció unas toallas, o algo por el estilo peludo y de colores para la casa. Yo, como siempre con los cascos, me los saqué y le dije: -"Disculpa, qué?" Me dijo en un chapuceado "No me ayudas, comprando noséquécosa", "Perdón pa, no tengo nada, vengo a laburar recién" Y era verdad, venía con $20 encima como cambio por si no me pagaban justo. Lo siguiente fue: El mismo chico por la peatonal siendo insultado por una rubia respingada, justificando "Anda a laburar como yo!". Amén a mis cascos que me relajaron y no la cagué a trompadas. Me partió el alma ver cómo se acercaba y la gente lo rechazaba, sobretodo mujeres, con una actitud de mierda. Corrí hacia él y le dije "Te puedo dar $10, quedátelos viejo", "Muchísimas gracias". De ahí en más, hasta ahora iba a tener los sentidos a flor de piel. Corrí a la puerta, bah, escaleras arriba y a la derecha de una parrilla, y... bajo E.
  Oh, Dioses en los que no creo... creería en ustedes si alguno me hubiera dado una señal de lo que me esperaba. E, hizo señas con su brazo izquierdo para que subiera, desde abajo sólo veía una señora con arrugas, petiza como yo, y con un manto que asimilaba a un poncho, pero de colores estrafalarios. Bien, hasta ahí podemos decir que todo normal. Subimos dos pisos a toda prisa "Es que a las 18 te tenes que ir porque tengo que ir y viste cómo es que uno trabaja y tengo que cantar y las canciones ay querida Alecita Alecita"... sus piernas -y palabras- eran más rápidas que me capacidad de adaptarme. Estaba con todos los sentidos observando, comiendo con la vista todo.
  Tengo malas costumbres al conocer un lugar y, por consiguiente, la gente que está adentro:
Primero: Veo todo. Literalmente recorro con mis ojos cada rincón del lugar, mientras me hablan, no miro a la persona, sino todo lo que me rodea. Me adapto lo más rápido que puedo y sé dónde están las cosas por si necesito escapar. Claro que esto es en las casas, en los locales es algo distinto. Ya vamos a eso, calma.
Segundo: Reviso la heladera. Sí, no puedo sentirme cómoda sin revisar la cocina, la comida, los platos y cubiertos.
Tercero: Analizo de arriba a abajo a la persona y guardo una imagen mental detallada.

Descripción de E: Pelo hasta los hombros, puntas abiertas pero de a cachos, rojo teñido, flequillo de escoba, cejas pintadas de negro corridas por el sudor, sobra verde en los párpados hasta la sien. Labios finos, muchas arrugas, uñas de rojo, alterada de la vida. Loca, loca, loca. Artista varieté, desde cantante, creadora de videos infantiles, escritora de canciones y cuentos, trabaja en una estación de radio. Me hizo café, pero casi casi insiste en que lo acabe, y yo, JAMÁS, termino el café.

La casa: chiquitita, muñecas de porcelanas mirando con sus terribles ojos, por todos lados desparramadas, juguetes de Disney, fotos de épocas pasadas, mucho polvo, sin luz, una ventanal que abrió hasta la mitad para que iluminara, la cocina enfrente a la cama, discos por todos lados y cosas varias que no llegué a identificar, sólo una que me enamoró: una bola de cristal mini.

  La clase fue más o menos así: "Alecita Alecita, mirá que mal te trato, no te sirvo nada, tomá tomá el café, está super dulce, ¿no?, tomá el otro", "No, gracias, estoy bien", "Ah, bueno, bueno, ay los aritos jaja, que lindos, y bueno como te decía tengo muchos discos en francés, hablo francés, inglés, y noséquéidiomamás, y viste que tengo que ir a la radio y ahora el 17 es mi cumple y lo festejo el 22 y yo... ay que desastre tengo y no sé crear carpetas, pero yo me hago todo, los videos, y en la radio R. me dice "¿cómo es que no sabes hacer carpetas si vos sabes todo?" y yo no sé viste, y ay que no nos alcanza el tiempo y la batería de la computadora que no la cargue"
  Los temas que escuché divinos, pero el DESASTRE de esa computadora, carpetas y audios por acá y por allá. Claro, el tener los sentidos tan despiertos ayudó muchísimo que con mi memoria fotográfica me acuerde de dónde está cada carpeta, así que la próxima: A ordenar ese escritorio virtual.
  Pasamos canciones a su celular, nada del otro mundo. Todo bien, entiende rápido. Y es que con esa velocidad no me sorprende. Admito que salí despavorida. Pero mi día no acabó ahí.
  Salí camino a Av. de Mayo, pero un local llamó mi atención: duendes en la vidriera. Ay, si los amaré a estos pequeños. No era todo, habían cartas tarot "angelicales"... aceites alquímicos, etc... ya saben. Me acerqué apenas a la otra vidriera y sentí que abrieron unas puertas, me saqué los cascos y entre.
"Hola, buenas tardes" escucho y visualizo: mujer con delantal, rulos, rubia, hablando con un señor, "Hola"... "Hola, qué tal", frente a mí, otra mujer más joven, alterada como E. flaca flaca con polera azul y ojos de haber llorado, me atiende, "Hola... estaba mirando, y se abrió la puerta (es corrediza), por eso entré", "Bueno, bienvenida, te muestro estos aceites son de la alquimia....." Habló tanto de tantas cosas que llegue a cazar palabras como "Maestro Alquimista", "Virgen María de las flores", "Montaña algo" "levantar rezos". De todo eso despertó mi curiosidad y le pregunté si la alquimia estaba relacionada con la religión. En pocas oraciones me dio a entender lo que era la alquimia, -lo que yo creía-, plus: religiones y "Dios creo a los alqumistas y el Maestro Alquimista nos creó"... así estuve unos minutos más. Cada que nombraba la palabra "religión" o "Dios", mi brazo derecho se endurecía a sabiendas de mi tatuaje pecaminoso.... que bueno que estaba de mangas.
  Salí así como de lo de E., despavorida. El viento sopló con toda y fui consciente de algo más en este día tan peculiar: estoy pelada, y el viento frío me hizo cosquillas en el cuero cabelludo.
  Caminé con una sonrisa por mi nuevo descubrimiento hasta la Av. y de ahí a la parada. También me percaté de lo que provocaba ser pelada y mujer: mientras en la parada había rubias preciosas, hombres viejos con cara de perro, y unas chicas con rastas y lo que parecía marihuana, todos me miraron como el bicho raro, al ritmo de "Human", me di cuenta de que la mayoría de las miradas desde que me rapé fueron de sorpresa, desagrado, y lástima. Imagino que pensarán para sus adentros "Pobre chica, luchando con el cáncer, y sonriendo" mientras que yo voy por la vida ausente, metida en mis cascos, ellos llegan a casa y reflexionan sobre la suerte que tienen y, ¿por qué no?, inconscientemente los ayudo a valorar su existencia y ser más humildes, hacer lo que les gusta... me gusta creer eso, aunque sea sólo un error.
  Me subo al colectivo, me abro paso hasta detrás de la máquina y me uno a la familia vacuna. Entra más y más gente, lucho para acercarme a la puerta, ignoro las quejas de una estirada, que, cual planta, no se movía cerrando el paso al ganado. Pido permiso y una mujer rechoncha negra y con una sonrisota me dice "por supuesto", agradezco y responde con un "de nada" en un tono tan particular, como si estuviese haciendo algo importante y estuviese orgullosa de eso, como quien dice una firmemente. Miro al frente del colectivo: el Congreso, el atardecer, las ramas de los arboles, una perfecta fotografía y suena "Fake your death" y casi lloro. Una vieja maleducada me empuja para salir, me calmo y río muchísimo cuando pienso que, al ritmo de "Smoke weed everyday", podría repartir patadas de capoeira a todos lados.
  Bajo, sigo riéndome e imagino lo loca que me creerán todos, lo feliz que me siento y no sé por qué, no hay motivos, saludo al chino, su esposa, y al verdulero, entro a casa, cumplo mi tradición de rozar con los dedos la pared izquierda mientras camino por el pasillo hasta la puerta. Entro, estoy sola, me reciben mis bebés felinos, sigo riendo sin motivo alguno y cantó feliz de la vida "Lightning Bolt"
  Me siento a escribir estos desvaríos con una última canción: "Lullaby".
  Gracias por los cascos viejo, soy demasiado feliz.

P.D.: Las emociones parecen no acabar: recibí un mensaje de alguien extrañándome. Y no es cualquier "alguien".