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domingo, 9 de agosto de 2015

Heces: "Prosa sobre la Dependencia" Dentro de la vida mochilera, la dependencia y otras cuestiones.

  ¡Uf... hoy estoy con toda! Después de mucho-muchísimo de leer blogs, dije: "Es hora de retomar el mio". Vi los borradores y chau, se me armó la noche.
  Aún queda uno por sacar de las tinieblas, pero por ahora las pelusas y telarañas van desapareciendo de éstas entradas.

  La dependencia... podríamos comenzar con una breve explicación de una de mis -tantas- dudas sobre mi vida: Mi sueño fue, es, y posiblemente sea, vivir viajando. No puedo tomarme el tiempo como para explicar lo que quiero decir, para mi todavía, es inefable, si quieren entender a lo que me refiero, si sueñan con vivir viajando, si entienden que la vida puede ser vivida de muchas formas, léanlos a ellos: http://losviajesdenena.com http://acrobatadelcamino.com/ http://viajandoporahi.com 
  La cuestión es que, tengo un serio problema de dependencia humana/afectuosa, y le podemos sumar: apego a lo material, y exacerbado terror a la muerte de mis seres queridos -y a los aviones-. Entonces, éstos serían conflictos normales que afectarían poco o nada a la mayoría, una noche desvelada llorando por el miedo a la muerte es muy común, -digan que sí-, el criticar lo muy capitalistas y cuánto  que somos, y seguir con nuestros celulares quejándonos por twitter, también. Pero si uno sueña con vivir viajando, necesita aprender a no depender, a ser independiente. Esto no quiere ser frío, distante, no extrañar, pero sí entender que no es el fin del mundo, y que el mismo, es redondo, que siempre vamos a volver a encontrarnos a quienes queremos, que lo material no se lleva a la tumba, y que poco importa donde estemos, porque la muerte no tiene preferencias geográficas.
  Entonces... ¿qué hago? ¿medito? ¿me la banco? ¿me despido de mi vida mochilera, trabajo en una oficina, con traje, departamento en pleno Congreso y que viva el sedentarismo? No. Mi vida tiene que ser una ruta constante, no puedo vivir viendo las mismas caras todos los días mientras que hay tanta gente en el mundo para conocer, necesito ver la naturaleza que nos ofrece nuestro único hogar, la Tierra. Conocer otras culturas, idiomas, formas de vivir. Mi vida no puede terminar en un edificio, 15 o 30 días de vacaciones al año, de Buenos Aires a Mal del Plata y viceversa. La ruta, el dedo, la mochila, los escritos, las fotos, son mi sustento.
  A veces me pregunto porqué quiero esto, si es que es una rebeldía ante mi papá que quiere que sea abogada... si es que no quiero pasar 48 años de vida como mi vieja, cantando y soñando con estudiar lo que quiere y al fin viajar... me quiero mandar y dejar todo muy lejos, porque soy alguien que ama escapar. Antes pensaba que era malo, que no podía vivir huyendo y que los viajes no te sacan ningún peso, pero no: amo escapar de la rutina y de lo establecido. Soy una persona con necesidades humanitarias: necesito ayudar. Necesito hacer un cambio y participar activamente, me gusta y me hace feliz. Es lo que marca casi todo lo que soy y cómo vivo, pienso y siento: tratando ayudar. A los necesitados, los animales, el ecosistema, sí sí, soy una hippie con cresta -y un tanto violenta-. Pero no crean que quiero caer en clichés con rastas, un veganismo ético, ni pantalones bolivianos, no considero que eso sea luchar contra el sistema, ni ayudar a nadie, no me hace mejor persona.
  Entonces me pregunto otra vez: ¿por qué quiero esta vida?, ¿ayudo a alguien?, y es que claro, tengo que tener un propósito en la vida, además de ser feliz, tengo que contribuir con algo a la pequeña historia del mundo que formamos todos cada día, ¿no?, o es que nada de esto importa, nisiquiera la felicidad, porque nacemos solos, y morimos solos, y el resto es sólo una ilusión. Soy, una constante lucha entre el fatalismo estoico, y las ganas de vivir y disfrutar.
  El por qué del ahora, del momento feliz que vivimos, qué sentido tiene para el mundo, de qué sirve, más que para mi misma. Sé que no está mal, pero no entiendo qué sentido tiene la satisfacción. No digo que dejemos de disfrutar, para nada, pero necesito saber qué provecho puedo sacarle a mi sueño, para que sirva a alguien más, para que el mundo cambie, aunque sólo sean dos personas las que también sean felices mientras yo lo soy.
  Porque, ¿qué derecho tengo a ser feliz?, no lo digo desde la perspectiva suicida, no, ¿quién me otorga el derecho a ser feliz?, ¿es una obligación?, claro que nadie quiere sufrir (sado *cof cof* sado (?), pero y si en realidad, es también una mentira de la sociedad... haciéndonos creer que comprando más cosas somos más felices, los que quisimos romper con ese mito, nos alejamos todo lo que pudimos/quisimos del consumismo y la sobreproducción, pero y si esto también es ser feliz... quién dice que no estamos siendo cómodos, y que debemos cuestionarnos todavía más qué estamos haciendo y porqué. Dependemos constantemente de las respuestas, bueno, yo dependo de ellas. Tengo alma de filósofa, y detesto los sí y los no sin argumentos, necesito cuestionarlo todo y discutir hasta con los que concuerdan conmigo, necesito discutir conmigo misma, sólo para entender qué estoy haciendo y qué tan conforme estoy con eso.
   Ésta entrada, así como mi prosa sobre el respeto, y la manipulación, eran parte de una mini-serie de textos que iban a hablar sobre temas enlazados entre sí, pero al final resultaron ser muy distintos a lo que creía, por lo que voy a agregar algo al título para que se distingan entre sí.
  Aún queda un borrador, pero es el más difícil de encarar, y ese sí posiblemente sea el único que se mantenga estable en la idea, pero con muchas variantes dentro del escrito. Por ahora, me despido! 


 

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