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martes, 18 de agosto de 2015

"Mundo al revés: Heterofobia" Kim Rocco Shields y David Tillman


Heces: Gordos del mundo.


  Es interesante como reaccionan las personas ante la gordura. Algunos sienten asco, rechazo, vergüenza ajena, lástima, no sienten nada de respeto, no los ven como personas; perdón, no nos ven, como personas. Aunque, ni siquiera nos ven más allá de nuestras dimensiones. En mayor o menor medida, somos ignorados, protegidos por un bando de flacuchas que sienten pena, y atacados por los populares con problemas de inseguridad. Pero jamás nos defendemos entre nosotros ¿Que pasaría si aceptamos abiertamente que somos gordos? 


Mi experiencia:
Yo: -No me molesta ser gorda.
Mi novio (¡suerte de tener uno, ésta vaca!): -No sos gorda, sos rellenita.
Mi familia: -No digas eso, estás gordita.
Mis amigas: -A mi tampoco, me chupa un huevo.- dicen a coro, coro de ángeles que me entienden.
El resto: Siguen riéndose. No importa, la costumbre.
 

  Los que te quieren, necesitan negar la realidad, porque para ellos es tabú, es malo, ser gordo incluye ser feo, no cumplir con normas sociales estéticas, piensan en la palabra gordo y la imagen mental instantánea es un/a obeso/a encima de un banquete, chorreando grasa por todos lados, sudando por todos sus poros, estrías y para limpiar su conciencia piensan en la solución de Dios Todopoderoso, la “liposucción”.
   Te miran, y no entienden que vos creas que estás gordo, porque te quieren demasiado como para asimilar que vos sos de “ese grupo”. Claro que no van a cambiar su perspectiva y entender que hay distintos tipos de gordos, que hay distintos tipos de belleza, carajo, que todos merecen respeto, que excluyendo a “esos otros gordos”, también te lastiman. No entienden, -ni lo van a hacer-, que los diminutivos, “rellenita”, “gordita”, “rechonchita”, nos dan por las pelotas/ovarios. Lo quieren hacer ver como algo tierno para “hacernos sentir mejor”, o ellos sentirse mejor consigo mismos por no decirnos lo que piensan realmente. Como si pudiese ser tierno el ser gordo. ¡No, forros!, sufrimos la harta cantidad de veces que nos burlan, sufrimos el amar comer y que nos señalen por eso, el culparnos todo el tiempo como si estuviésemos cometiendo un pecado, sufrimos la playa, las estrías, la pileta, hacer el amor y que cuelgue todo, el siempre creernos menos. Pero no queremos que nos disminuyan como nenes pequeños, cachorritos, somos igual de capaces mentalmente, no necesitamos esos apodos estúpidamente “adorables”. Necesitamos el mismo jodido respeto y aceptación, dejar de ser la burla y la lástima.
   Los que nos entienden, los que saben todo esto, ellos están haciendo cada día su duelo consigo mismos, algunos días les va mejor y otros peor, así que escucharte decir que te aceptas y reconoces como gordo/a, que no te avergüenza decir esa mala palabra, es una inspiración.





   


  Quizás no nos guste y no seamos felices siéndolo, (o sí, porque hay gente que sí le gusta ser gordo y/o le gusta la gente gorda), pero ya no es un insulto, una discapacidad, es algo que elegimos inconsciente o conscientemente y que podemos revertir cuando se nos de la gana con o sin ayuda, lo decidimos nosotros. No incluye nada, es una característica física más, que no afecta a nuestra personalidad.
 
Soy GORDA, hermosa y brillante.
  Y nadie me va a hacer creer lo contrario.





 




domingo, 9 de agosto de 2015

Heces: "Prosa sobre la Dependencia" Dentro de la vida mochilera, la dependencia y otras cuestiones.

  ¡Uf... hoy estoy con toda! Después de mucho-muchísimo de leer blogs, dije: "Es hora de retomar el mio". Vi los borradores y chau, se me armó la noche.
  Aún queda uno por sacar de las tinieblas, pero por ahora las pelusas y telarañas van desapareciendo de éstas entradas.

  La dependencia... podríamos comenzar con una breve explicación de una de mis -tantas- dudas sobre mi vida: Mi sueño fue, es, y posiblemente sea, vivir viajando. No puedo tomarme el tiempo como para explicar lo que quiero decir, para mi todavía, es inefable, si quieren entender a lo que me refiero, si sueñan con vivir viajando, si entienden que la vida puede ser vivida de muchas formas, léanlos a ellos: http://losviajesdenena.com http://acrobatadelcamino.com/ http://viajandoporahi.com 
  La cuestión es que, tengo un serio problema de dependencia humana/afectuosa, y le podemos sumar: apego a lo material, y exacerbado terror a la muerte de mis seres queridos -y a los aviones-. Entonces, éstos serían conflictos normales que afectarían poco o nada a la mayoría, una noche desvelada llorando por el miedo a la muerte es muy común, -digan que sí-, el criticar lo muy capitalistas y cuánto  que somos, y seguir con nuestros celulares quejándonos por twitter, también. Pero si uno sueña con vivir viajando, necesita aprender a no depender, a ser independiente. Esto no quiere ser frío, distante, no extrañar, pero sí entender que no es el fin del mundo, y que el mismo, es redondo, que siempre vamos a volver a encontrarnos a quienes queremos, que lo material no se lleva a la tumba, y que poco importa donde estemos, porque la muerte no tiene preferencias geográficas.
  Entonces... ¿qué hago? ¿medito? ¿me la banco? ¿me despido de mi vida mochilera, trabajo en una oficina, con traje, departamento en pleno Congreso y que viva el sedentarismo? No. Mi vida tiene que ser una ruta constante, no puedo vivir viendo las mismas caras todos los días mientras que hay tanta gente en el mundo para conocer, necesito ver la naturaleza que nos ofrece nuestro único hogar, la Tierra. Conocer otras culturas, idiomas, formas de vivir. Mi vida no puede terminar en un edificio, 15 o 30 días de vacaciones al año, de Buenos Aires a Mal del Plata y viceversa. La ruta, el dedo, la mochila, los escritos, las fotos, son mi sustento.
  A veces me pregunto porqué quiero esto, si es que es una rebeldía ante mi papá que quiere que sea abogada... si es que no quiero pasar 48 años de vida como mi vieja, cantando y soñando con estudiar lo que quiere y al fin viajar... me quiero mandar y dejar todo muy lejos, porque soy alguien que ama escapar. Antes pensaba que era malo, que no podía vivir huyendo y que los viajes no te sacan ningún peso, pero no: amo escapar de la rutina y de lo establecido. Soy una persona con necesidades humanitarias: necesito ayudar. Necesito hacer un cambio y participar activamente, me gusta y me hace feliz. Es lo que marca casi todo lo que soy y cómo vivo, pienso y siento: tratando ayudar. A los necesitados, los animales, el ecosistema, sí sí, soy una hippie con cresta -y un tanto violenta-. Pero no crean que quiero caer en clichés con rastas, un veganismo ético, ni pantalones bolivianos, no considero que eso sea luchar contra el sistema, ni ayudar a nadie, no me hace mejor persona.
  Entonces me pregunto otra vez: ¿por qué quiero esta vida?, ¿ayudo a alguien?, y es que claro, tengo que tener un propósito en la vida, además de ser feliz, tengo que contribuir con algo a la pequeña historia del mundo que formamos todos cada día, ¿no?, o es que nada de esto importa, nisiquiera la felicidad, porque nacemos solos, y morimos solos, y el resto es sólo una ilusión. Soy, una constante lucha entre el fatalismo estoico, y las ganas de vivir y disfrutar.
  El por qué del ahora, del momento feliz que vivimos, qué sentido tiene para el mundo, de qué sirve, más que para mi misma. Sé que no está mal, pero no entiendo qué sentido tiene la satisfacción. No digo que dejemos de disfrutar, para nada, pero necesito saber qué provecho puedo sacarle a mi sueño, para que sirva a alguien más, para que el mundo cambie, aunque sólo sean dos personas las que también sean felices mientras yo lo soy.
  Porque, ¿qué derecho tengo a ser feliz?, no lo digo desde la perspectiva suicida, no, ¿quién me otorga el derecho a ser feliz?, ¿es una obligación?, claro que nadie quiere sufrir (sado *cof cof* sado (?), pero y si en realidad, es también una mentira de la sociedad... haciéndonos creer que comprando más cosas somos más felices, los que quisimos romper con ese mito, nos alejamos todo lo que pudimos/quisimos del consumismo y la sobreproducción, pero y si esto también es ser feliz... quién dice que no estamos siendo cómodos, y que debemos cuestionarnos todavía más qué estamos haciendo y porqué. Dependemos constantemente de las respuestas, bueno, yo dependo de ellas. Tengo alma de filósofa, y detesto los sí y los no sin argumentos, necesito cuestionarlo todo y discutir hasta con los que concuerdan conmigo, necesito discutir conmigo misma, sólo para entender qué estoy haciendo y qué tan conforme estoy con eso.
   Ésta entrada, así como mi prosa sobre el respeto, y la manipulación, eran parte de una mini-serie de textos que iban a hablar sobre temas enlazados entre sí, pero al final resultaron ser muy distintos a lo que creía, por lo que voy a agregar algo al título para que se distingan entre sí.
  Aún queda un borrador, pero es el más difícil de encarar, y ese sí posiblemente sea el único que se mantenga estable en la idea, pero con muchas variantes dentro del escrito. Por ahora, me despido! 


 

Heces: CHAU AL "SEAMOS SEGUIDORES".

  Acabo de publicar mi apología sobre el respeto, y no estaría respetándome -valga la redundancia- si no hiciera lo que leen arriba. Hace ya un tiempo que quiero hacerlo y los motivos son pocos y explícitos:

1) No estoy interesada en seguir blogs por cortesía los cuales no voy a leer, y a los cuales no puedo decirles "Hola, no, disculpa, no me sigas porque no me interesa tu contenido"
2) Tampoco estoy interesada en seguidores que no son lectores. No me sirve de nada que mi publicación con más comentarios sea la de "Seamos seguidores", cuando tengo más contenido (y estoy abierta a escribir cosas que me propongan, y a debates).
3) ¿Qué clase de blogs sigo -y me siguen- si no se toman la molestía de disimular su desinterés por leer el blog -y claro que yo hago lo mismo- cuando sólo comentan ese post y por ningún otro, siguiéndonos y... fin? Blogs con ansias de "crecer", en cantidad, pero no en calidad. No me sirven. No soy una cuenta falsa o abandonada como para ser utilizada. Ni quiero utilizarlos. Quiero crecer con seguidores de calidad honestos, y quiero seguir -y leer- blogs de calidad y honestos.

Por cortesía no voy a dejar de seguir a las cuentas que están hasta ahora, pero sí voy a quitar el enlace directo a la publicación, y en su lugar dejar un enlace a ésta.
Es hora de ganarme los seguidores que quiero, sin trucos como una cadena de seguidores. La meta es más complicada, y más entretenida, así.

 

sábado, 8 de agosto de 2015

Heces: "Prosa sobre el Respeto"

  No sé como iniciar éste post... conviene iniciar pidiéndoles disculpas a aquellos que siguen el blog, comentarles que estoy bloqueada, y que no fue intencional que la última publicación fuese tan agresiva -¿vuelvo domesticada?-. Pasé por una etapa confusa, como todos tenemos, necesitaba desestresarme pero la solución no fue caer con fiestas y noches interminables, jolgorios y parranda, para la primer semana de vacaciones, sino todo lo contrario: la segunda semana me dio toda la tranquilidad que esperaba, horas y horas tirada cual ballena varada en mi cama, viendo anime, leyendo blogs de viajes que hacía tiempo no visitaba y viendo películas. También moví el cuerpo muchísimo, pero no en bailes ni en pogos: en clases de yoga, larguísimas salidas patinando (hacía tiempo que no disfrutaba de una buena brisa, un pic nic, y los altos árboles cubriéndome del sol), y entrenando -cosa que también extrañaba-. Para mi sorpresa, la tranquilidad llegó de la mano del trabajo: imprevisto totalmente, pero fue una sútil caricia de mejillas, compartir estos últimos años de un ser querido al que tenía muy abandonado, con palabras de ancianos, tantos dulces y sabias, como necias contra mi sana rebeldía adolescente. Pude re-emprender mis ahorros y enfocar la mira en el objetivo final de éste año: tachar otra banda de la lista. Tenía dos, voy por la tercera, faltan cuatro.
  ¿Qué puedo decir?, aprendí en ésta segunda semana (y una tercera porque todavía no desconecto del modo "holiday") que no cumplí con mi objetivo de "dármela en la pera los 15 días", no por falta de oportunidades, sino porque extrañaba ésta faceta más tranquila de Doonie, más hippie y menos punk. Necesitaba descolocar mi zona de confort, romper mi rutina rebelde y odiosa y abrir las puertas a eso positivo que cada tanto me gusta ver sin sentir culpas ni creerme ciega de los horrores del mundo.
  Es algo irónico el "terminar" mi blog con tanta bronca, y re-iniciarlo con buena onda, ¿no? Éste título que ven es un borrador que llevo cargando desde principios de año apróximadamente. No sé si por falta de inspiración no lo escribí antes, lo cierto es que jamás lo abrí y pasée los dedos por el teclado como para saber si podía o no explayarme sobre el tema en cuestión, pero lo veo como algo positivo el no haberlo escrito antes... hoy, y desde hace unos días, llevo una metamorfosis interna, y lo que esperaba publicar acá es muy distinto a la perspectiva que quiero exponer ahora. Antes mi idea era arrojar una serie de escritos que estuviesen enlazados y que todos abarcaran el mismo punto conflictivo: las relaciones de pareja. Mi relación. (http://alejadadelavida.blogspot.com.ar/2015/06/heces-sobre-la-manipulacion.html)
  No se espanten, no voy a hablarles sobre eso; la idea cambió radicalmente, ahora quiero enfocar éste post al respeto general: el de los amigos, la familia, dentro de las jerarquías, los sueños, los gustos, las elecciones, la vida misma, sin que forme parte de otros textos, sino como un independiente. No quiero cambiar su forma de ver el mundo, hoy no tengo necesidad de eso como la última vez que escribí, hoy sólo necesito sentirme menos aterrada ya que son las 03:09 a.m. y la casa está en silencio, así que aprovecho para sacar a los fantasmas de mi cabeza y centrarme en algo más bonito como lo es el respeto.

  Hoy por la tarde vi un video de Mayorcete, youtuber muy recomendado español, que entre muchas otras cosas,  habló sobre el respeto a la hora de comentar sus videos e inclusive a la hora de él mismo grabar, obvio. Eso me lleva a dos puntos: el primero es que por internet todos nos creemos dueños de la verdad, somos prepotentes, maleducados, a veces se entienden mal los mensajes, pero en su mayoría utilizamos como escudo la pantalla y un avatar falso para encubrir nuestra estupidez a la hora de ser haters con alguien. Y el segundo es que: cotidianamente faltamos el respeto, y no es necesario insultar a alguien para hacerlo.
  Desde que agredimos, mentimos o estafamos, hasta que ignoramos a quien nos pide una moneda o al que le dimos un codazo por accidente y no fuimos capaces de pedirles disculpas por simple amabilidad. 
  El respeto por la intimidad, la mala costumbre de no tocar las puertas, de preguntar cosas íntimas -e insistir-, de contar un secreto. El respeto se perdió, desde mi punto de vista, en gran medida por la tecnología: compartir momentos con seres que se supone estan interesados en pasar un buen rato con uno... mientras que los celulares son invitados extras que actualizan al resto de la humanidad lo bien que la estamos pasando... mientras seguimos mirando una pantalla y alguien a quien no escuchamos nos habla.
  El respeto por el cuerpo de cada quien y a hacer lo que quiera con él. Caminar libremente por una calle sin escuchar "guasadas", tatuarse por completo sin recibir burlas, ser gordo, flaco, alto, bajo, negro, moreno, mestizo, blanco, albino, rubio o colorado sin prejuicios.
  Sentir respeto ante cualquier nacionalidad sean: chinos, judíos, musulmanes, españoles, norteamericanos, peruanos, bolivianos, paraguayos, ingleses, alemanes,  y verlos como lo que son: humanos. De cualquier religión o ideología política. De cualquier sexualidad. De cualquier género. Sean ricos, pobres o clase media. Sean discapacitados o superdotados. Verlos como a nosotros, ponernos en los zapatados del otro.
   Respetar cualquier opinión y no perjudicar a nadie. Saber que nuestra libertad de expresión termina donde oprimimos a alguien.
  Creo que ésto es todo lo que quería compartirles, mi reflexión más abierta de lo que considero "respetar".

  













Tranquilos, la punky JAMÁS se va. El respeto va dentro de mis ideales.